Asociación Castellano-Manchega de Sociología

JOSÉ CASTILLO CASTILLO, IN MEMORIAM


FALLECE JOSÉ CASTILLO CASTILLO SOCIÓLOGO DE LA UNIVERSIDAD COMPLUTENSE; CATEDRÁTICO DE SOCIOLOGÍA.

JULIO IGLESIAS DE USSEL Granada Miércoles, 27 noviembre 2019

https://www.ideal.es/granada/obituario-jose-castillo-castillo-in-memoriam-20191127211445-nt.html.

Hoy miércoles, en una Parroquia cercana a su domicilio madrileño, se celebra en esa capital el funeral por el fallecimiento el pasado 17 de noviembre de un ilustre universitario granadino: José Castillo Castillo, catedrático emérito de Sociología de la Universidad Complutense de Madrid. Nacido en Granada, que le marcó para siempre con profundas raíces familiares y formativas, y con la que estuvo siempre vinculado en sus vínculos afectivos y materiales con su residencia que mantuvo siempre en esta ciudad y siempre disponible en apoyo a su Facultad de Ciencias Políticas y Sociología.

Aquí realizó todos sus estudios y se licenció en su Facultad de Derecho. Pero el mundo jurídico no llenó sus inquietudes intelectuales y tuvo la suerte de recibir atinado consejo de otro granadino, Luis Sánchez Agesta, que le llevó a reorientar su camino hacia la Sociología tras contactar en Madrid con otro granadino egregio: Enrique Gómez Arboleya. En esa ciudad se licenció en 1959 en Ciencias Políticas. Y esas orientaciones le llevaron, en años bien difíciles para la movilidad académica, a realizar su formación sociológica en Estados Unidos primero en Washington y luego en la Universidad de Columbia en Nueva York, donde enseñaba Juan Linzde tanta influencia en las ciencias sociales dentro y fuera de España como reconoció la Universidad de Granada al otorgarle el Doctorado Honoris Causa.

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Pertenece José Castillo a una generación -en la que se encuentran, entre otros, un grupo de granadinos como Francisco Murillo, José Cazorla, José Jiménez Blanco o Miguel Beltrán -, coparticipes con otros del definitivo despegue de la Sociología en la sociedad y la Universidad española y exponentes de una ciudad marcada por sus intelectuales, tal vez por una razón que supo ver muy bien otro de sus hijos ilustres, Ángel Ganivet, al afirmar que ‘Granada era una ciudad para el espíritu’. Todos los mencionados son buenos ejemplos de tan certero juicio.

Esa generación que alcanza su madurez en torno a los años sesenta –y de la que forman parte, entre otros, los sociólogos mencionados-, ha sido esencial para la historia intelectual y universitaria de nuestro país. Con su imaginación y esfuerzo –y rodeados de toda suerte de dificultades e incomprensiones-, trazaron un puente con la tradición quebrada por la Guerra Civil, activando el amor a la ciencia, la pasión por la investigación y la necesidad de descubrir las raíces de muchos quebrantos históricos de España estudiando con objetividad la realidad social de nuestro país.

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Los miembros de esa generación, hicieron ‘las Américas’ permitiendo con sus aprendizajes desarrollar en nuestra Universidad una nueva ciencia como fue, entonces, la Sociología. Es la generación que consolida una disciplina, pero dándole nacimiento ya con plena madurez. Cargados de ilusiones, su apuesta personal permitió abrir el paso a la Sociología en el difícil espacio de la realidad universitaria y de la sospecha cuando no hostilidad del sistema político. En su lección jubilar, José Castillo lo ha dejado descrito mejor que cualquier interprete y con la elegante carga de ironía a la que hacía gala:

«Cuando emprendí la aventura de sociólogo en la España de finales de la década de los años cincuenta, para el común de los españoles la índole de la sociología y sus extravagantes cultivadores era un enigma que cada uno resolvía a su manera: al sociólogo se le solía tomar bien por un sujeto versado en doctrina social de la Iglesia, bien por socialista o incluso por persona sociable, que ya es desconocer a los sociólogos españoles. Al exiguo grupo de sociólogos –del que yo formaba parte- que introdujo la nueva sociología por aquellos años lejanos, le costó Dios y ayuda deshacerse de tamaño error: hoy día, todo el mundo ya está al tanto de que los sociólogos somos los expertos que erramos en los sondeos electorales».

Son muchas las pruebas de ese papel instaurador de esta generación pero un excelente testimonio la proporciona el propio libro de Castillo Introducción a la Sociología, aparecida en Madrid en 1968, que contiene el posicionamiento del autor sobre los puntos nucleares de la disciplina, su objeto y método, abordados con una claridad y precisión gratificante para el lector. Lo titula ‘Introducción’ y lo es ciertamente pero no porque tenga un contenido elemental sino porque, en efecto, introduce una nueva disciplina. Su contenido incorpora discusiones doctrinales hasta entonces desconocidas por la literatura científica española. Y la prueba nos la proporciona la propia bibliografía con que cierra su obra: De los centenares de obras que menciona, tan solo una decena de autores son españoles. Es decir, se trataba ciertamente de una introducción, pero de unos debates hasta entonces por completo marginados en nuestro panorama científico universitario.

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A su regreso de Estados Unidos en 1957 con su título americano en sociología en el bolsillo, José Castillo pasó a ser ayudante de Arboleya en la Facultad de Ciencias Políticas y Económicas de Madrid, con quien mantuvo una sólida relación. Y comenzó a dar al público el resultado de sus investigaciones que pronto lo convirtieron en el más acreditado especialista en la Sociología del Consumo, fundador de la especialidad en España. Un fruto en media docena de libros y más de medio centenar de monografías, todas muy cuidadas, en sociología del consumo, de las migraciones, historia de la sociología y sociología de la educación.

Su fértil carrera docente e investigador, dio el fruto deseado y en 1971 obtuvo la Cátedra en unas oposiciones míticas en la disciplina por las tensiones debidas a las activas presiones, nada menos que del entonces poderoso Carrero Blanco, para impedir que el Tribunal aprobara a Amando de Miguel –procesado entonces por injurias al Ejercito en un escrito en el que comentaba un Sermón en un Campamento del servicio militar. Pero el Tribunal resistió y no se dejó intimidar, actuó con justicia y fue uno de los cuatro nuevos catedráticos, con José Castillo, Carlos Moya y Juan Díez Nicolás

Una oposición juzgada por un Tribunal en el que de nuevo aparece la relevancia de Granada en la vida de José Castillo; tres granadinos lo integraron y resistieron las acometidas: Sánchez Agesta como Presidente y José Jiménez Blanco y Francisco Murillo como vocales, al igual que Salustiano del Campo y Efrén Borrajo.

Los años de catedrático en Santiago de Compostela 1971-1975, fueron de plena inmersión a la docencia en su Universidad y a la investigación y fruto notorio de esa vinculación fue su radiografía publicada en el libro La Universidad en Galicia, Santiago de Compostela, Universidad de Santiago, 1978. Pero pronto se integró en la Universidad Complutense de Madrid donde trabajó con intensidad en la ‘Sociología de la Empresa’ título de uno de sus libros en 1976, que prolongó en numerosas monografías sobre la democracia industrial, la alienación del trabajo, la autogestion yugoslava, satisfacción del trabajo de los trabajadores andaluces, el cometido instrumental del trabajo y tantos otros.

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Otro grupo de sus publicaciones las dedicó a la emigración, asunto con larga tradición secular en Galicia. En 1980 editó La emigración española en la encrucijada: estudio empírico de la migración de retomo, pero examinando la novedosa realidad del retorno, sin olvidar nunca sus monografías sobre pensadores egregios para las ciencias sociales. Así dedicó estudios a autores españoles como Ortega y Gasset, Adolfo Posada, Thorstein Veblen, Simmel, Francisco Ayala y a otros exiliados como Medina Echavarría o Recaséns, en unas aportaciones que son imprescindibles para construir la completa historia de la sociología española, materia a la que dedicó un espléndido trabajo aparecido en 1988.

En sus últimos amplió el marco de sus reflexiones y realizo numerosas brillantes aportaciones a lo que pudiéramos encuadrar en la sociología de la vida cotidiana. Son aportaciones muy perspicaces sobre el consumo de reliquias tan extendido en Galicia, la construcción de atributos corporales, el hogar, la función social del castigo en el caso de la droga o la recreación de sus vivencias juveniles granadinas a través de objetos peculiares de aquellos años.

Pero toda su densa y sustancial actividad académica no refleja la riqueza de una vida entregada a la docencia y a la Universidad. Fue una persona de enorme cultura evidenciada en la excepcional calidad literaria de sus escritos. Pocos podrán discutir que sus escritos se encuentran entre los más brillantes literatura sociología española, reflejo de su excepcional formación humanística. Una trayectoria biográfica realizada junto a su excepcional mujer, Lali, dos personas hospitalarias, cultas, simpáticas, accesibles. A ella y a Jaime su único hijo y los nietos los recordamos hoy con la gratitud por lo mucho que entregó, intelectual y humano, a todos en su vida y también con el hondo pesar de su desaparición.


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